Una figura clave en los inicios de nuestro despacho, compañera de sueños y sembradora de oportunidades.
Los comienzos compartidos
El pasado viernes 11 de julio falleció Pilar Bendito —más conocida en el ámbito profesional como Pilar Torroja—, farmacéutica de 82 años y figura clave —como su propio nombre— en la historia del Despacho Gómez Córdoba. Fue una mujer imprescindible, tanto en lo profesional como en lo personal. Hoy queremos rendirle homenaje y expresar nuestro más profundo agradecimiento.
Para comprender quién fue Pilar en nuestra vida, es necesario mirar hacia atrás. Corría el año 1972 cuando nuestra familia se trasladó a Madrid. Nuestro padre, Juan, abogado ya reconocido en Granada por su especialización en aperturas de oficinas de farmacia, decidió empezar de nuevo en la capital junto a su mujer y cuatro hijos pequeños. No fue fácil. Aquella especialidad, tan bien asentada en su tierra, apenas tenía reconocimiento en Madrid.
En esos primeros años, duros y con más tropiezos que éxitos, conoció a Pilar. Ella buscaba a alguien que la ayudara con la apertura de una nueva farmacia. A pesar de ser muy diferentes de carácter, conectaron de inmediato. Les unía algo muy poco común: eran soñadores, inconformistas, capaces de ver oportunidades donde otros solo veían obstáculos. Compartían, además, un fuerte compromiso con el servicio a los demás.
Una aliada generosa
Cuando nuestro padre decidió dejar el despacho en el que trabajaba y volver a ejercer por su cuenta, Pilar lo acompañó. Juntos lograron abrir farmacias en lugares que nadie consideraba viables, con poblaciones pequeñas y escasos recursos. La suya fue la primera de muchas aperturas. Pilar, a su vez, ayudó a nuestro padre presentándole a muchos farmacéuticos jóvenes, con pocos recursos pero grandes sueños, que no encontraban su lugar en un entorno tan cerrado como era entonces el Colegio de Farmacéuticos de Madrid.
Ese gesto generoso y constante de Pilar fue decisivo. Su red de amistades y su deseo genuino de ayudar marcaron una diferencia real en las vidas de muchos. Gracias a ella, nuestro padre pudo consolidarse como abogado de referencia en el sector farmacéutico. Y gracias a ella, muchos jóvenes encontraron una oportunidad que de otro modo les habría sido negada.
Más que contactos: una red de apoyo
Tras el fallecimiento de nuestro padre, Pilar siguió caminando con nosotras. Acompañó a mi hermana Inmaculada en nuevas aperturas, fue bastión y guía para numerosos farmacéuticos que empezaban. Algunos nombres que recordamos con cariño: Charo Sabater, Isabel Cascaste, Paco Mazarambroz, José Antonio Menéndez, Amalia García-Rojo, Mar Bricio, Amparo Sánchez Roldán… y por supuesto, Manolo, el farmacéutico de Torrevieja, cuya historia también fue impulsada gracias a ella.
Pilar no solo aportó contactos o experiencia. También acogió, orientó y, en ocasiones, participó activamente en los proyectos de quienes confiaban en ella. Llegó a acoger a jóvenes farmacéuticas en su propia farmacia, apoyarlas económicamente y animarlas a seguir formándose. Varias de ellas mantienen hoy sus farmacias y una posición que no habrían alcanzado sin su impulso.
Pilar, después de Juan
Este viernes, Pilar nos dejó en Alicante, su tierra natal, junto al mar que tanto amaba. Fue una noticia inesperada, pues a sus 82 años seguía llena de vida, inmersa en nuevos proyectos, incluso retomando estudios universitarios por puro placer, incapaz de quedarse quieta.
Nuestra familia viajó a Alicante para despedirla. Fueron muchas horas de viaje entre ida y vuelta, agotadoras, pero necesarias. Teníamos que estar allí. Era lo menos que podíamos hacer por alguien que nos dio tanto.
Gracias, Pilar
Gracias, Pilar. Por tu generosidad incansable, tus ideas brillantes y esa energía vital que jamás se apagó. Desde donde estés, seguimos sintiendo tu luz. Gracias por haber estado en nuestras vidas, por tu amistad y por haber ayudado a construir los cimientos de este despacho que hoy dirigimos con orgullo y gratitud.
Rosa Gómez e Inmaculada Gómez
Abogadas, Despacho Gómez Córdoba






